Miguel Ángel el genio renacentista

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EL GENIO RENACENTISTA

Descrito por sus coetáneos como un hombre solitario, soberbio e iracundo, Miguel Angel vivió perpetuamente dominado por su genio y sus pasiones. Nacido en Caprese, Italia, en 1475, siendo adolescente se trasladó a Florencia en un momento en el que la ciudad estado italiana brillaba por su esplendor cultural. La corte florentina estaba regida por uno de los más prolíficos mecenas de la época, Lorenzo de Medici, que vivía rodeado de personajes de la talla de Pico della Mirandola, Botticelli o Ghirlandaio.

Miguel Ángel pronto captó el interés del príncipe y enseguida comenzó a formar parte del selecto círculo de protegidos de la corte. No obstante, tras la muerte de Lorenzo de Medici, Miguel Ángel abandonó Florencia y regresó a Caprese. Al cabo de un breve período de idas y venidas, se estableció en Roma en 1496, donde estudió arte clásico y dio comienzo a su fructífera obra esculpiendo alguna de las piezas más notables de su etapa juvenil.

El David de Miguel Ángel.

Aunque abarcó las cuatro nobles artes: pintura, arquitectura, poesía y escultura, su predilecta fue esta última, concretamente la creación en mármol. Como escultor, concebía las figuras como si estuvieran ocultas en el bloque de mármol, y se imponía solo la tarea de retirar la materia que las cubría. La Piedad, Moisés y El esclavo moribundo son obras suyas, pero quizá la más imponente sea el

David, una escultura tallada a partir de un solo bloque de mármol de casi cinco metros de altura.

Su siguiente gran obra, esta vez en el campo de la pintura, fue la decoración de la Capilla Sixtina, que realizó a partir de 1508. Tras mandar construir un descomunal andamio y despedir a los consejeros expertos que pretendían dirigir su trabajo, Miguel Ángel se dispuso a pasar largas jornadas en una posición imposible y ocultándose de las miradas curiosas hasta completar, en 1512, los maravillosos frescos que decoran desde entonces la capilla más famosa del mundo.

En cuanto a la arquitectura, cabe señalar su participación, junto con Donato DAngelo Bramante^ Rafael y Antonio da Sangallo, en la construcción de la basílica de la ciudad del Vaticano. Bramante apenas participó, pues murió en 1504, pero puso las bases. Rafael asumió el mando hasta su muerte en 1520, y Sangallo hasta 1546. Miguel Ángel fue el arquitecto entre 1546  y 1564.

Poco después murió. Su epitafio refleja la grandeza y la miseria de un artista que aseguraba que toda su vida había sido una continua lucha contra la muerte: “Por siempre de la muerte soy, y vuestro / solo una hora he sido; con deleite / traje belleza, más dejé tal llanto / que valiérame más no haber nacido”.

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