La era de los descubrimientos

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EL PIONERO, ENRIQUE EL NAVEGANTE

Monumento a los Descubrimientos, construido en Lisboa en 1960 en conmemoración del quinto centenario del fallecimiento de Enrique el Navegante, que aparece representado al frente del grupo con un barco en sus manos.

Aunque navegó poco, Enrique de Portugal respaldó y proyectó numerosas exploraciones que abrirían para este país la senda de nuevas rutas comerciales y un nuevo mundo. Hijo y hermano de reyes, el príncipe Enrique (1394-1460) de Portugal no recibiría el sobrenombre de “el Navegante” hasta el siglo xix.

Cuando su padre, Juan I, lanzó la primera expedición al norte de África, puso a Enrique al mando de la flota que tomaría Ceuta (1415). Un año después este fundaría en el Algarve, junto al cabo de Sagres, uno de los primeros observatorios astronómicos, un centro de estudios náuticos y de construcción naval.

Su interés le llevó a reunir a cosmógrafos y navegantes para iniciar la exploración de la costa occidental africana. Como caballero medieval su afán era llegar al mercado oriental de especias rodeando el continente africano; al tiempo que luchaba contra el islam y arrebataba a los musulmanes el control del comercio con Oriente.

Como renacentista le empujaba la sed de nuevos descubrimientos y avances, pues en estas empresas Enrique perseguía el sueño de contrastar lo que había aprendido durante su aventura africana y desarrollar un rico intercambio comercial con los habitantes de África.

Entre otros territorios, bajo su liderazgo se descubrió Madeira (1420), se exploraron las Canarias (1424) y se llegó a las Azores (1432). En 1443 se estableció la primera factoría portuguesa en África, en cabo Blanco,

cuyo uso más habitual era el comercio de esclavos. Uno de los hitos de estas exploraciones fue sobrepasar el mito medieval del cabo Bojador, más allá del cual se desconocía qué había. Esto lo conseguiría Gil Eanes en 1434. Con ello se terminaba la primera etapa de los descubrimientos portugueses, que fueron de ensayo y poco rentables.

A partir de entonces la motivación económica les llevaría a buscar el oro y metales que escaseaban en Europa. Portugal llegó a la península del Río de Oro (1436), en la costa atlántica del Sáhara, y entre 1444 y 1446 descubrieron Senegal, Cabo Verde y Sierra Leona.

También se emprendería el poblamiento con colonos portugueses de las islas descubiertas, donde se ordenó plantar caña de azúcar de Sicilia, que en la época era un cultivo muy rentable.

Enrique el Navegante no llegó a ver cumplido su sueño de circunnavegar África en busca de la ruta de las especias. Sin embargo, sus empresas proporcionaron grandes fortunas a los exploradores portugueses con las nuevas mercancías africanas.

Gracias a ello se pudieron financiar viajes como el de Vasco de Gama, quien años más tarde llegaría a la India por mar en 1498 circunnavegando África. Y todo ello a pesar de que a la muerte del infante Enrique, en 1460, el ritmo de las exploraciones se detuvo durante unos años. Su sucesor, el monarca Alfonso V, prefirió explotar los territorios descubiertos y dejar a un lado nuevas exploraciones. «>

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