Heteroeducación y autoeducación

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HETEROEDUCACIÓN Y AUTOEDUCACIÓN

A partir de la antinomia entre educare y ex-ducere estamos en condiciones de considerar las formas de la educación desde el punto de vista de su dirección. ¿Qué queremos significar al hablar de la dirección de la educación? Simplemente, que el camino recorrido por la educación como influencia (educare) es inverso al que sigue la educación como desarrollo desde dentro (ex-ducere) (el punto de referencia es, por cierto, el sujeto que se educa). 
Si el proceso educativo se organiza, se ejerce y se impone desde fuera y desde arriba, debe hablarse de heteroeducación (del griego heterós, que significa “otro” o “distinto”). Si, en cambio, el proceso educativo recorre la dirección inversa, esto es, nace del individuo mismo, para desde él apropiarse de lo que le es exterior y conformarlo a su individualidad debe hablarse de autoeducación (del griego, autos, que quiere decir “uno mismo” o “propio”).
Heteroeducación y autoeducación son, pues, las dos formas que —en primera instancia y desde el punto de vista de su dirección— presenta la educación. Al mismo tiempo constituyen dos posibles definiciones de la misma. A ambas les son aplicables las mismas consideraciones hechas para educare y ex-ducere, para acrecentamiento y crecimiento. 
En consecuencia no deben interpretarse como términos opuestos o contrarios, sino como dos aspectos o momentos de una misma realidad, o de un mismo proceso que recibe el nombre general de educación. En la hete-‘ r o educación el hombre es formado; en la autoeducación el hombre se forma, de acuerdo a una voluntad autónoma de desarrollo interior. Ninguno de estos modos puede darse aislada y absolutamente, como si nada tuvieran que ver entre sí. 
Se complementan, se insertan el uno en el otro, se sintetizan en la vida misma. La mejor manera de expresarlo sería formulando un ideal educativo: si por la heteroeducación el hombre es formado y por la autoeducación se forma a sí mismo, toda educación auténtica es aquella que lo ayuda a formarse. Lo ha dicho mejor Maurice Debesse: “La educación no crea al hombre, lo ayuda a crearse a sí mismo”.

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