Guerra entre Suecia y Francia

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SUECIA Y FRANCIA ENTRAN EN GUERRA

Envalentonado por las primeras victorias, Fernando II promulgó en 1629 el Edicto de Restitución, por el que se obligaba a los protestantes a la devolución de los bienes confiscados a la Iglesia desde 1552. El edicto volvió a levantar ampollas en Europa, y más cuando en 1630 Alemania parecía estar muy cerca de convertirse en un estado nuevamente unificado bajo el poder del emperador, una perspectiva que disgustaba incluso a sus propios aliados.

De hecho, para debilitar el poder de Fernando II, y aprovechando el miedo general hacia el Imperio germánico, el cardenal francés Richelieu consiguió que. La Dieta de Ratisbona licenciara al ejército personal del noble Von Wallenstein, que tantos éxitos le había procurado.

La guerra volvió a estallar con la aparición en escena del rey Gustavo Adolfo de Suecia, cuyo estandarte protestante se vio apoyado por la Francia de Luis XIII. Gustavo Adolfo entró en la contienda en defensa del protestantismo, claro está, pero también le movieron otros objetivos, como el deseo de alcanzar la gloria militar a través de la ampliación de sus territorios, que por entonces incluían la actual Finlandia y alguno.  
Territorios rusos, polacos y alemanes. Gustavo Adolfo dio un nuevo rumbo a la guerra, que empezó a decantarse pronto hacia su favor. Sus tropas, apoyadas por las de otros estados protestantes, avanzaron hacia el sur y entraron en Pragar, y luego se dirigieron hacia el norte y atravesaron el Rin en Maguncia. Tras estas victorias dirigió sus pasos hacia Sajonia hasta que halló la muerte en la batalla de Lützen, en 1632.
Su muerte comportó un nuevo cambio de rumbo, pues el canciller Oxenstiern (el regente que gobernaba en nombre de Cristina de Suecia) no supo imprimirle el mismo vigor. Entonces, las tropas de los Habsburgo, reforzadas con las unidades que enviaba Felipe IV desde España e Italia, empezaron a cambiar las tornas, hasta que su triunfo en la batalla de Nordlingen en 1634 pareció que podría poner fin a la guerra. Fue entonces cuando Francia decidió tomar cartas en el asunto y participar de forma activa en la contienda. 
Su declaración de guerra a España amplió aún más los horizontes de la contienda, a la vez que se iniciaron conflictos internos tanto en la península Ibérica (por parte de Cataluña y Portugal) como en la Itálica (por parte de Nápoles).
Batalla de Breitenfeld, donde las tropas de Gustavo Adolfo de Suecia consiguieron una aplastante victoria contra las del conde de Tilly, quien comandaba las tropas hispano- imperiales. Por aquel entonces la guerra ya había desgastado en gran medida a todos sus contendientes, a excepción de Francia, la última en entrar en guerra, con lo que los grandes aliados católicos, el emperador Fernando III (que había sucedido ya a su padre) y el rey español Felipe IV, empezaron a mostrar deseos de firmar la paz. Las negociaciones se iniciaron en el año 1644, pero no se alcanzaron los acuerdos finales hasta 1648, en que se firmó la Paz de Westfalia.

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