Galípoli encallados en los dardanelos

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Galípoli encallados en los dardanelos

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A PRINCIPIOS DE NOVIEMBRE DE I914,

Turquía entró en la guerra en el bando de las Potencias Centrales. De hecho, la influencia germana sobre el país había sido muy intensa durante los últimos años, tanto en el terreno económico (grandes inversiones para su desarrollo, como el ferrocarril) como militar (formación de sus tropas y equipamiento), por lo que a nadie extrañó su alianza con la Alemania del káiser Guillermo II.

A los Aliados, que Turquía entrara en la guerra como su enemiga, lejos de intimidarles (puesto que el viejo Imperio turco era considerado una potencia en clara decadencia), les creó, sin embargo, un conflicto de intendencia y comunicación, puesto que los estrechos que unían el mar Mediterráneo con el mar Negro eran de suma importancia para mantener el tráfico de mercancías entre Rusia y sus aliados.

La conquista de la península de Galípoli

De hecho, a través del mar Negro, Rusia importaba una tercera parte de sus productos, y durante la guerra el paso era igualmente de gran relevancia para que Francia y Gran Bretaña pudieran mandar material bélico a Rusia a cambio de su trigo. Para conseguir el control de estos estrechos, los Aliados (básicamente una expedición anglofrancesa) decidieron emprender la conquista de la península de Galípoli, que les permitiría controlar el estrecho de los Dardanelos, estimado esencial para que la potencia naval británica pudiera penetrar y doblegar Estambul.

El lord del Almirantazgo, Winston Churchill, dio el visto bueno a la campaña de los Dardanelos, que se inició en febrero de 1915. Un mes después, los buques de guerra del almirante De Robeck iniciaron una aproximación a la península para destruir las defensas costeras turcas y facilitar un posterior desembarco de tropas.

El desembarco aliado

Sin embargo, la maniobra resultó un fiasco puesto que seis buques acabaron siendo víctimas de las minas defensivas de los turcos. De Robeck se negó a continuar y solicitó el apoyo de una acción terrestre, que no llegaría hasta el 25 de abril, cuando los turcos ya habían visto las intenciones de los francobritánicos y habían reforzado en gran medida la península.

El desembarco aliado consiguió establecer algunas cabezas de puente en la playa, que rápidamente fueron fortificadas y defendidas con trincheras y artillería, pero estaban muy bien vigiladas y controladas por las fuertes defensas turcas, con lo que no se produjo ningún avance significativo.

Para desatascar la situación, en agosto se organizó un ataque masivo en la bahía de Suvla, pero una serie de errores tácticos de los oficiales al mando lo condujo al fracaso, y a finales de año se procedió a la evacuación de las tropas. Este revés supuso un gran descrédito para las fuerzas aliadas en el Mediterráneo oriental, especialmente por no haber sido capaces de doblegar a una de las potencias más debilitadas de la contienda.

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