El pedagogo frente al concepto de educación

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EL PEDAGOGO FRENTE AL CONCEPTO DE EDUCACIÓN

La primera característica que se encuentra de la educación al buscar su concepto es lo que podría llamarse su humanidad. Aparece siempre como un proceso del cual el hombre es autor e intérprete, juez y parte. Del animal, cuando más, decimos que es “adiestrable” o “domesticable”, pero no “educable”. 
Esto lo reservamos para el hombre —ya veremos más adelante de qué manera. Aquí interesa señalar que la humanidad de la educación es el primer inconveniente que le sale al paso al pedagogo cuando quiere definirla. Recurramos a una comparación: el físico, el químico, el matemático, como todos los que cultivan las ciencias que comúnmente denominamos exactas y naturales, pué. Den darse el lujo de meditar serenamente sobre su campo de trabajo y circunscribirlo, delimitarlo, mediante la observación desapasionada, la especulación desinteresada o el experimento que puede ser repetido en condiciones propicias para su realización. 
Estos investigadores no ven comprometida, al menos en forma inmediata, su propia humanidad; pueden abstraerse de ella y ser neutrales frente a los fenómenos que estudian. No ocurre lo mismo con los trabajadores de las ciencias generalmente denominadas humanas, las que por su mismo objeto envuelven al investigador mismo, que es un hombre, en su propio juego. No puede el sociólogo ser totalmente neutral frente a los movimientos sociales, ni el psicólogo prescindir de su experiencia personal, ni el que estudia científicamente la religión dejar totalmente dé lado algunas de sus creencias subjetivas. 
Esto también le sucede al pedagogo: se siente involucrado en el proceso que estudia que es nada menos que el educativo, en el cual arriesga, de una o de otra manera, su propio destino juntamente -con el de su comunidad. Por algo Kant llamó a la educación “la más grande aventura humana”; por algo en nuestros días esperamos de ella la solución para todos nuestros males sociales; por algo, cuando los poseemos, le adjudicamos todos los bienes.
El primer inconveniente (si es que así puede decirse) para dar un concepto objetivo de la educación está pues en la humanidad misma de quién ‘debe definirla, y depende en gran parte, de su ubicación en el mundo, de sus inspiraciones profundas y de sus aspiraciones más auténticas. Quizá en ello resida la grandeza y la miseria de la pedagogía. Quizá por ello no termine de constituirse la ciencia pedagógica como un sistema cerrado y definitivo. No es sólo por esa razón, como veremos más adelante, pero es razón que vale la pena destacar para comprender, aunque más no sea medianamente, la disparidad de tendencias que se reflejan en los múltiples y a veces disímiles conceptos de la educación.

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