El mismo santuario

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 llamado desde entonces Tophet

De cada escuadrón y de cada hueste acuden al punto los guías y capitanes a donde se hallaba su supremo jefe. Asemejaban dioses por su estatura y sus formas, superiores a las humanas; príncipes reales; potestades que en otro tiempo ocupaban sus tronos en el cielo, aunque en los anales celestes no se conserve ahora memoria de sus nombres, borrados ya, por su rebelión, del libro de la vida. No habían adquirido aún denominación propia entre los hijos de Eva; pero cuando errantes sobre la tierra, con superior permiso de Dios para probar al hombre, corrompieron a la mayor parte del género humano a fuerza de imposturas, induciéndoles a que abandonaran a su Creador, a que venerasen a los demonios como deidades y a transformar con frecuencia la gloria invisible de aquel a quien debían el ser en la imagen de un bruto para tributar brillantes cultos de pomposa adoración y oro; entonces fueron conocidos con varios nombres y en el mundo pagano bajo las formas de varios ídolos.Dime ¡oh Musa! cuáles eran; quién fue el primero, o quién el último que sacudió el sueño en aquel lago de fuego para acudir al llamamiento de su soberano; cómo los más cercanos a él en dignidad fueron presentándose en la desnuda playa, mientras la confusa multitud aún permanecía alejada.Los principales eran aquellos que saliendo del abismo infernal para apoderarse en la tierra de su presa, tuvieron mucho después la audacia de fijar su residencia cerca de la de Dios y sus altares junto al suyo; dioses adorados entre las naciones vecinas que se atrevieron a disputar su imperio a Jehová, cuando fulminaba sus rayos desde Sión y asentaba su trono entre los querubines. Hasta en el mismo santuario llegaron no una vez sola a introducirse; y ¡oh abominación! profanaron con un culto maldito las ceremonias sagradas y las fiestas más solemnes y a la luz de la verdad osaron oponerse con sus tinieblas.Primero Moloc, rey horrible, manchado con la sangre de los sacrificios humanos y destilando lágrimas paternales aunque con el estrépito de tambores y timbales, no fueron oídos los gritos de los hijos arrojados al fuego para ser después ofrecidos al execrable ídolo. Los Ammonitas lo adoraron en la húmeda llanura de Rabba, en Argob y en Basán hasta las extremas corrientes del Arnón; y no contento con tan dilatado imperio, indujo por medio de engaños al sabio Salomón a que le erigiera un templo frente al de Dios, en el monte del Oprobio, consagrándole luego un bosque en el risueño valle de Hinnón, llamado desde entonces Tophet y negro Gehenna, verdadero emblema del infierno.

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